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Doparse para vivir

El exceso de trabajo, el duelo por la pérdida de un familiar o incluso una separación sentimental pueden ser algunas de las causas que nos lleven a empezar a consumir benzodiaepinas.  En España es común tratar aspectos sociales de la vida con fármacos, intentamos resolver problemas emocionales o laborales con dopaje, en lugar de aprender a afrontar el estrés de la vida cotidiana.

Normalmente el uso de estas pastillas no debería prorrogarse más de unas cuantas semanas, pero esta premisa no suele cumplirse y nos encontramos con personas que llevan años tomándolas y terminan siendo adictos.

Las benzodiacepinas te aíslan de las emociones y te ayudan a seguir. Alivian, pero no curan.

A su rápido efecto se le suma la ligereza con la que se recetan desde las consultas de atención primaria, a lo que se le suma del desconociemiento de la gente de lo que está tomando y de sus consecuencias.

Uno de los problemas del exceso de consumo radica en la facilidad que hay para adquirir estos fármacos: El acceso a este tipo de fármacos es prácticamente inmediato. Sin necesidad de tener ningún diagnóstico puedes estar tomando esta medicación.

De hecho, en los últimos tres años se ha triplicado el consumo y hay más gente tomando este tipo de medicación que personas diagnosticadas con este tipo de dolencias.

Benzodiacepina, una droga social

Fácil engancharse y sencillo conseguir esta ‘droga social’, ya que siempre hay alguien dispuesto